El pasado 12 de febrero, Oaxaca fue escenario de un trágico accidente que dejó sin vida a una mujer de la tercera edad, cuando un vehículo de alta velocidad, conducido por una estudiante de psicología de la URSE, impactó un taxi colectivo en el que viajaba la víctima. La jovencita, quien se encontraba en estado de ebriedad junto a sus amigos tras una fiesta, perdió el control del automóvil, provocando la colisión fatal. Además de la mujer fallecida, otros familiares que la acompañaban resultaron gravemente heridos y actualmente se encuentran hospitalizados, generando una ola de dolor y preocupación en la comunidad.
La reacción de los testigos y de la comunidad oaxaqueña no se ha hecho esperar. Según informan, la joven responsable del accidente, inmediatamente después de la colisión, comenzó a gritar que sus familiares eran influyentes en Oaxaca, que no permanecería detenida y que recibiría un trato preferencial debido a su estatus. Este tipo de comportamiento ha desatado una indignación palpable entre los ciudadanos, quienes reclaman justicia y exigen que se aplique la ley de manera imparcial, sin importar las conexiones familiares que pueda tener la joven. La situación ha reabierto el debate sobre la irresponsabilidad de algunos jóvenes y la necesidad de conciencia en el manejo de alcohol y vehículos.
Las redes sociales se han convertido en un espacio fundamental para que los familiares de la víctima expresen su dolor y reclamen justicia. Publicaciones llenas de tristeza y rabia emergen en plataformas como Twitter y Facebook, donde la comunidad exige que el caso no se use como un ejemplo de la impunidad que a menudo prevalece ante situaciones similares. La tragedia ha puesto en el centro de la discusión la importancia de la educación y la responsabilidad, así como un llamado a las autoridades para que se tomen medidas más estrictas contra la conducción bajo los efectos del alcohol, con la esperanza de que tragedias como esta no se repitan en el futuro.
